El viento mece los álamos y los perros ladran afuera.
Hoy huele a tierra mojada, como ayer.
De nuevo llueve a lo lejos, y cayó la noche otra vez,
mientras el néctar de tus besos me enajena.
¿Sabes, amor...?
Es tu boca cáliz de beleño que adormece;
es tu piel suave de azúcar y de melocotón, la que me enloquece;
es la seda fina de tus caricias, la que me enajena.
Sí, amor, porque me miras y me enredo, prendido en tu mirada.
Y si me roza apenas tu piel, trueco en marioneta obediente.
La brisa de tu aliento me fascina, el sol de tu risa me atrapa,
mi espíritu se eleva, jubiloso, arrebolado en la magia de tu perfume.
Y de tus susurros fluyen melodías y palabras mágicas que arroban mi mente.
Porque toda tú me embelesas, amor.
Me acunas en tu regazo, me adormeces.
Me abrazas por fuera y por dentro,
me ciñes, me absorbes, te adueñas de mí.
Ahora sé que, sin la luz de tus ojos, mi dueña, yo ya no soy nada.
No existo sin ti. No tengo otra voluntad que no sea yacer en tu morada.
Porque me has robado la vida.
Tú, bella mía, sábelo bien: me has robado el alma.


Qué bonito!!
ResponderEliminarGracias, musa ❤️
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