
Por ti puedo ser cualquier cosa.
Puedo ser tu ola, amor,
y tú serás mi playa.
Si tú quieres, vida mía,
puedo ser viento también
y acariciar siempre tu cara.
Puedo ser rama desnuda
que se entrega a la corriente,
o bajel aventurero
que navega contracorriente
por llegar hasta tu puerto.
Puedo ser barquito de vela,
naufragar serenamente
en pos de tu estandarte,
a la sombra de tu bandera.
Y, si tú me lo pidieras,
ser brisa de primavera.
Seré rocío del alba,
leve caricia en tu pelo,
negro como la noche,
mientras duerme el mar
a los pies del cielo.
Anda, dímelo tú, sirena,
dime qué debo ser
para seguir tu estela,
para enlazarme a tu mano,
para vivir a tu vera.
Porque por ti, ya lo sabes,
mi amor, seré lo que quieras:
poeta, vagabundo,
príncipe o mendigo;
corazón de perlas,
mercenario o bandido;
rayo de luz violeta,
huracán enfurecido,
torbellino de colores,
volcán sediento de tu alma
y de la miel de tu boca.
Seré ladrón de tu aliento,
minero de tu piel,
estibador de tus anhelos,
jardinero de tus aromas,
artesano de tus sueños,
cómplice de tus deseos.
Y si aún no basta, amor,
si aún me quieres distinto,
dime qué forma he de tomar,
qué nombre debo vestir,
qué camino he de inventar.
Porque por ti, sábelo bien,
por ti, mi amor, por ti,
puedo ser cualquier cosa.